Caín
¿Saramago criticando a Dios? ¡Pero si Saramago es dios!
No morirá

Hay un pensamiento, negra,
que me ahoga de miedo el alma:
si este azul no es más que tela,
no más que plata esta luna
y papiroflexia las estrellas,
quizás sea el cielo un escenario
y el sol una lámpara de cristal
y las madrugadas una cortina
bajo la que callo, genuflexo.
Si todo es una mentira
y el cielo un escenario,
¿dónde estarás tu, negra,
con tu rebeldía angelical,
tu pelo de Lucifer imperioso
desobediente e infalible?
Si no hay cielo, no hay infierno,
¿dónde fuiste tu con tu voz
de fe en el pueblo,
de sol en sus días?
¿Dónde vive ahora
tu ilusión cansada
de gritos y llantos,
de cuerdas y cueros,
de sangres y charcos?
No hay cielo, negra.
¡Están aquí!
En este teatro maldito
por la hipocresía
están los profetas de luz
y los capitanes de la oscuridad.
Es aquí donde se juzgan
quiénes los muertos
y quiénes los asesinos,
frente a una impasible
platea de ciegos y tontos.
Es aquí donde la luz
más fuerte brilla
y la oscuridad más fuerte apaga.
Santos y demonios
en un mismo espectáculo.
Y del fondo del pasillo,
una voz retumba seca:
- ¡Callaros, farsantes!
Y me conmueve
tu ala vibrante de ángel,
negra como tu pelo,
como tu, negra.
Galeano pregunta:
La llamada comunidad internacional , ¿existe? ¿Es algo más que un club de mercaderes, banqueros y guerreros? ¿Es algo más que el nombre artístico que los Estados Unidos se ponen cuando hacen teatro?
Armados contra los pobres (Eduardo Galeano)
Si la justicia internacional de veras existe, ¿por qué nunca juzga a los poderosos? No van presos los autores de las más feroces carnicerías. ¿Será porque son ellos quienes tienen las llaves de las cárceles?
¿Por qué son intocables las cinco potencias que tienen derecho de veto en Naciones Unidas? ¿Ese derecho tiene origen divino? ¿Velan por la paz los que hacen el negocio de la guerra? ¿Es justo que la paz mundial esté a cargo de las cinco potencias que son las principales productoras de armas? Sin despreciar a los narcotraficantes, ¿no es éste también un caso de “crimen organizado”?
Pero no demandan castigo contra los amos del mundo los clamores de quienes exigen, en todas partes, la pena de muerte. Faltaba más. Los clamores claman contra los asesinos que usan navajas, no contra los que usan misiles.
Y uno se pregunta: ya que esos justicieros están tan locos de ganas de matar, ¿por qué no exigen la pena de muerte contra la injusticia social? ¿Es justo un mundo que cada minuto destina 3 millones de dólares a los gastos militares, mientras cada minuto mueren 15 niños por hambre o enfermedad curable? ¿Contra quién se arma, hasta los dientes, la llamada comunidad internacional? ¿Contra la pobreza o contra los pobres?
¿Por qué los fervorosos de la pena capital no exigen la pena de muerte contra los valores de la sociedad de consumo, que cotidianamente atentan contra la seguridad pública? ¿O acaso no invita al crimen el bombardeo de la publicidad que aturde a millones y millones de jóvenes desempleados, o mal pagados, repitiéndoles noche y día que ser es tener, tener un automóvil, tener zapatos de marca, tener, tener, y quien no tiene, no es?
¿Y por qué no se implanta la pena de muerte contra la muerte? El mundo está organizado al servicio de la muerte. ¿O no fabrica muerte la industria militar, que devora la mayor parte de nuestros recursos y buena parte de nuestras energías? Los amos del mundo sólo condenan la violencia cuando la ejercen otros. Y este monopolio de la violencia se traduce en un hecho inexplicable para los extraterrestres, y también insoportable para los terrestres que todavía queremos, contra toda evidencia, sobrevivir: los humanos somos los únicos animales especializados en el exterminio mutuo, y hemos desarrollado una tecnología de la destrucción que está aniquilando, de paso, al planeta y a todos sus habitantes.
Esa tecnología se alimenta del miedo. Es el miedo quien fabrica los enemigos que justifican el derroche militar y policial. Y en tren de implantar la pena de muerte, ¿qué tal si condenamos a muerte al miedo? ¿No sería sano acabar con esta dictadura universal de los asustadores profesionales? Los sembradores de pánicos nos condenan a la soledad, nos prohíben la solidaridad: sálvese quien pueda, aplastaos los unos a los otros, el prójimo es siempre un peligro que acecha, ojo, mucho cuidado, éste te robará, aquél te violará, ese cochecito de bebé esconde una bomba musulmana y si esa mujer te mira, esa vecina de aspecto inocente, es seguro que te contagia la peste porcina.


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