Viejos
Un dolor agudo en la espalda. Eso lo que había conseguido con la tal viscoelástica. Si no durmiera todavía, le pegaría un buen par de hostias a Martina por abdicar de los muelles.
- No se tira, sin más, algo que te fue útil toda la vida – ponderó Borja en voz alta, todavía tumbado en la cama.
En vano, porque Martina reposaba como una muerta en su ataúd. Borja siguió su discurso, indiferente al silencio de la platea, y argumentó sobre la infalible caducidad de las cosas y la total falta de aptitud del ser-humano al tratar de darlas un punto final. Lo ejemplificó con el precoz y trágico abandono de su añorado colchón de muelles:
- Hace una semana, dormía como en las nubes – idealizó, con ojos de búho en la oscuridad – Y ahora este dolor me recuerda más al infierno.
Por la humedad del aire, dedujo que ya el día despertaría y la ciudad perdería este aspecto de cajón encerrado. Se dio la vuelta, molesto por los dolores que le machacaban el cuerpo. Sentía como si el colchón le comprimiera cada uno de sus huesos de tísico.
- Pero a ti te da igual, vieja, porque te protegen un par de kilitos extras – infirió, riéndose, más para ver si la despertaba de una vez.
La pequeña habitación se veía hundida en la más profunda ausencia de luz. Le divirtió pensar que el colchón le tocaba a los huesos, sobretodo porque, en la penumbra total, su imaginación soltaba amarras. Ya vencía los sesenta y todavía no perdiera la soltura ruidosa de un niño. Si quería transformarse en un hombre hecho de hielo o de plastilina, no tenía más que concentrarse lo bastante hasta que su cerebro, privado de la visión, se entregara al colorido imperio de los sentidos mentales. Por ejemplo, ahora mismo era una calavera, una gran calavera fea y asquerosa, rozándose pálida en la viscoelástica imprestable.
- ¡Qué viejo sinvergüenza! – se burló de si mismo, esperando que Martina también lo hiciera.
Ahí tuvo la idea. Se levantó, todavía dolorido, pero animado por la perspectiva de unas buenas carcajadas. “Viejos, pero vivos”, ella misma le decía. Se puso al pie de la cama y dijo con una voz de mueble antiguo y polvoriento:
- Martinita, despierta para ver tu viejo muerto.
Lo repitió dos veces y, cuando ya le salía la tercera, escuchó el grito de la mujer, en pánico, la pobre. Ya no tanto porque tenía miedo, sino porque en el susto se había dado con la cabeza en el borde de la cama.
- Está tan oscuro que no te veo, viejo tonto, pero por lo que recuerdo de ti, ayer, seguro que estás horripilante – disparó Martinita, jugadora, rozando la mano en la cabeza – Para un muerto no te hace falta el disfraz – arremató.
Él, entre risas, palpaba con dificultad el fondo del armario, buscándose algo con que vestirse, en cuanto ella intentaba vengarse con un monólogo de ironías:
- Haber intentado con la luz encendida. – insistió – Despertar mirándote esta cara de quién no ha dormido una vida, viejo, esto sí puede matar a uno de un infarto.
Pero ya Borja dejaba el dormitorio, riéndose como un grajo. Le confortó, al mirar la ventana, encontrar un cielo azul y resplandeciente, que encajaba perfectamente con la alegría del momento. Y se quedó hipnotizado por la mar de vida que vio despejada entre los edificios.
Hasta que, por un segundo, una nube trágica cubrió el sol y el cristal de la ventana, hasta ahora translúcido, reflejó una especie de tez blanca y seca, más bien huesuda, de una calavera con las mandíbulas abiertas de pavor.
Genocídio palestino

E o fumo da ignorância, outra vez,
cegará aos nossos corações;
e eles arderão solitários, outra vez,
no pálido fogo do esquecimento;
e o vermelho traço do destino, outra vez,
cortará da história a cabeça;
e sangraremos pelos olhos, outra vez,
em seco e ruidoso arrependimento;
até que eles despertem, outra vez,
na vigília de nossas almas;
para dar à história, outra vez,
uma oportunidade – quiçá falida – de redimir-se.
Identidades
Se encontraron en el vestíbulo del hotel Palace, de Madrid. Celia estaba pidiendo las llaves de su cuarto y lo sintió a sus espaldas. Sin mirar hacia atrás, recogió las llaves en el balcón y subió las escaleras. Sabía que él la seguía, pero no pensaba en ello. Y no tanto porque ya se había acostumbrado a los inefables juegos del amor prohibido, sino porque estaba decidida a pasar pagina tan solo entrasen en la habitación. En cuanto subían, se dedicó a estudiar el pico de sus nuevos zapatos de tacón, de un amarillo Marruecos tan ruidoso que no la sorprendió que casi les regalasen en las rebajas. Para que le echara, no tardaría más que dos canciones. Los beneficios de la rutina: en los tres meses que llevaba del año, ya era el quinto. Es que se aburría, sola durante el día en casa. Pues se pondría un pastis con hielo y dedicaría la tarde a aprovechar la cama que, al final, ya se había pagado.
Cuándo él dejo la habitación, entretanto, Celia le siguió. Estaba intrigadísima, por no decir furiosa, con lo que había pasado. El hombre, largo, salió placidamente desfilando su chaqueta impecable por el paseo del prado, hasta subir por la calle de Huertas. Ella mandó al infierno los tacones, les metió en el bolso, y mantuvo el paso firme. Ya en los alrededores de atocha, fue obligada a coger un taxi, con el que le siguió en coche hasta su casa, en el barrio de Las Rosas. Nada más llegar, le dijo al taxista que no se marchara, que le diera solamente unos segundos. Pero cuando le vio salir en la ventana del segundo andar, decidió quedarse.
Observándole ahora, desde la acera opuesta, con frío y los pies desnudos, se le veía incluso más elegante, con un semblante infalible. Al fin, sabía escoger un buen hombre, se convenció. Pero ya no pudo sonreír. Había que mentalizar el chi, no dejar la pelota caer, repetía a si misma. Estaba casi dormida cuando la esposa del hombre llegó. Así, desde lejos, le pareció extremamente elegante. Bueno, quizás solamente elegante. Luego, al analizar la suavidad con que besó al hombre, con que atenuó las luces sin mayores formalidades o la manera en que extendió el brazo para entregarle una copa de vino, decidió que era una mujer desinhibida, de las que juegan al póquer, invierten en la bolsa y fantasean con hombres más jóvenes.
Cuando llegó a su casa, todavía pensaba en ella. Pensaba en cómo serían sus ropas, qué tipo de comida prepararía, cómo conduciría los asuntos personales, sobretodo en estas inmensas reuniones familiares, en que uno nunca puede escapar de una situación embarazosa. Al acostarse, aquella noche, abrazó su marido con fuerza y también se creyó una mujer extrovertida e independiente.
Al otro día, antes de las once, ya había terminado sus tareas diarias: la ropa, el suelo, la comida. Se encontraba en la mesa de la cocina, pensando y repensando su vida, convencida de que algo estaba mal. Entonces le dominó una necesidad de tomar una actitud, por fin había descubierto que sí, estaba desplazaba en aquella cáscara de mujer madura. La realidad es que, en su interior, todavía latía un fruto dulce, ya no tan fresco y joven, si así lo querían, pero un interior muy, muy dulce y suculento.
Así que pasó la mano en el bolso y volvió a la casa de hombre. Se pasó todo el día sentada en el banco de la acera, disfrazada con unas gafas de abeja. Les analizó cada movimiento, él había llegado antes y calentado la comida, pero a ella le tocó preparar el almuerzo del día siguiente. Él recogió los platos de la mesa, pero se los fregó ella. Y todo le pareció contaminado por la más pura armonía.
Volvió y en los siguientes. Empezó a hacer apuntes, memorizar movimientos, desde la forma de levantar la taza, dejando que la muñeca conducir naturalmente al brazo, hasta cómo cerrar las cortinas, de un solo movimiento, sin una docena de torpes tirones decurrentes de la inhabilidad de las manos. Entrenaba fervorosamente en casa. Su marido se irritó cuando le contó el propósito de pintarse el pelo. “Me casé con una morena”, le gritó, “no quiero encontrar a una rubia en mi cama”. Celia le dijo que era un bufón, un exilado de su tiempo, y que tarde o temprano tendría que encarar su nueva realidad.
Después de un mes de visitas diarias, Celia estaba segura de que la pareja sabía de su presencia. Y, siendo así, se sentía aceptada. Comprendió que le tocaba dar el siguiente paso en la relación. Sentía, vestía, olía como ella. Así que aquella, tarde, diferente de todas las otras, no se mantuvo oculta, en la acera. Sacó de su bolso una llave que no conocía y subió la escalera lateral que llevaba a la entrada del piso. Entró en la casa, cuidando los ruidos. Encendió las luces, pero las atenuó, sin mayores formalidades. Al coger una copa de su armario, y precisamente en el momento en que se tomaba un buen trago siguiendo la lectura de su libro que estaba sobre la mesa, notó que su marido entraba, mirándola con espanto. Y percibió que la mujer que le acompañaba llevaba zapatos de tacón, de un amarillo Marruecos tan ruidoso que seguramente lo habrían regalado en cualquier tienda de Arenal que estuviera en rebajas.
Rutina
Es notable como uno llega al punto, de su breve y distraída existencia, en que se ve obligado a sobreponerse al ya mencionado problema de la realidad, este tramposo meandro del ser, al que se podría fácilmente negar, no fuera el dicho una cáscara más del inmenso naranjo que compone nuestro ser, o “voluntad”. Anoche mismo, al acostarme, todo seguía la más estricta relación entre la estabilidad y el delirio, quedando de relámpagos metafísicos no más que el Parker, perdido en no-férreos caminos, y la orquídea, la que ya hace tiempo empezó a florecer al revés – lo que no significa para abajo, sino para dentro. Nada más beberme el zumo de naranja, entretanto, un viejo compañero de las mañanas en que el gris se alza penetrante, noté que ya el techo empezaba a bajar, porque se aplastaba mi colección de poesía sudamericana, empezando – hay que valorarle el buen gusto – por las obras completas de Neruda, encuadernado en generosos tomos. Ya sabía lo que me guardaba el futuro inmediato, pero me hice el desinteresado y seguí con mi rutina inalterable, salvo el cambio de mi tradicional pan de nueces por una nada satisfactoria chapata. Ya pasaban las once de la mañana – había terminado de ajustar un pequeño cuento para la revista de un amigo y me había hojeado el recién comprado La vuelta al día en ochenta mundos, de Cortázar – cuando noté que albergaba un sentimiento de incomodidad, seguramente decurrente de la posición diagonal, con las espaldas ya comprimidas por el techo, que – aunque no me fijara con atención – seguía descendiendo paliativamente. No más que por una cuestión de conforto, me fui a gatas hasta la mesa del comedor (que sujetaba humildemente la imparable fuerza del techo) y metí el dedo entre los encajes de los lentos y sonámbulos pies de madera. Al oír el clic, rápidamente retiré el dedo – a este tipo de mecanismo siempre hay que mantener, ya no tanto un cuidado, sino un respeto - y noté alegremente como volvía a su sitio el suelo del locatario del piso de arriba, o sea, mi propio techo. Disfrazando cualquier movimiento que pudiera confirmar una urgencia o un sentimiento de miedo, volví a mi sillón, pero en poco tiempo ya estaba decidido a levantarme otra vez y prepararme un café, el tan tradicional café que me acompaña, rutinariamente, todas las mañanas.
Lulinha no malecón
Está em Cuba, o Lulinha. Os mais afobados se perguntam: “Será interesse ideológico?” ou “Será interesse humanitário?”, ou ainda, os mais entusiastas: “Será interesse pela saúde do velhinho?”. Esquecem que Lulinha, o paz e amor, o dos tres pratos de comida, o da CPMF e do Sao Francisco, este Lulinha, em verdade, só tem um interesse: o econômico.
Lula vai a Cuba como iria um bom ministro de relaçoes exteriores europeu ou asiático: tratar de garantir seu bocado em uma possível abertura da ilha. Se já sobra para a Repsol, se vai sobrar pra tanta gente do norte capitalista, por que nao sobraria para o sul pseudo-ideológico?
É o que é, nao desconfiem: o melhor presidente pró-capital que o Brasil já teve. E Cuba que se cuide: a nova Bahia dos Porcos será o décimo-quarto andar de um “trade center” qualquer. Quem resistir, nao verá.
Os novos ditadores
É a da vez, discutir quem é ditador, quem é democrata.
Na lista de governantes autoritários da grande mídia, obviamente, não estão seus principais investidores. Está Chávez, que fala demais e sem restrições. Parece até gente do povo, ai que asco. O presidente venezuelano, que ousa promover a integração latinoamericana, é o ditador do momento, na opinião das grandes agências de informação. As mesmas que promovem agora a visita de negócios do antigo demônio Gadafi às potências européias. É que o Gadafi é um bom aliado. Traz informações valiosas sobre o oriente próximo e dinheiro para nossas empresas? É democrata.
É por isso que Bush, o homem que exterminou o berço da humanidade no Iraque, devastou Afeganistão e Colômbia, além de manter seu exército em mais de cem países, onde realiza atentados político-militares constantemente, é considerado um grande democrata. É por isso também que os soplapollas Blair, que cumpriu o papel de policial bom no engenho para suprimir o veto da ONU à invasão do Iraque, Aznar, que meteu Espanha em uma guerra em contra da opinião popular e do congresso da União Européia, e tantos outros criminosos de guerra, são todos ícones da luta pró-democracia. Foi mesmo o povo americano que decidiu gastar-se três trilhões de dólares no saqueio do Iraque? Se o governo é do povo, a guerra é do povo.
Mas como comparar Chávez com essa gente do norte beira o irrisório (afinal, Chávez nunca invadiu ninguém, não engendrou assassinatos secretos, nem saqueou países politicamente instáveis), comparemos com o nosso querido presidente Lula. Sim, este mesmo que segue com o projeto da transposição do São Francisco, traindo o compromisso que havia assumido com o bispo Luiz Cáppio.
Com as breves frases que cito aquí, fica claro como cabeças diferentes abordam um problema de formas perigosamente diferentes. Abordando a questão da instabilidade política do Haiti, lá pelos anos de 2004, Lula parecia mais falar sobre a Guerra do Paraguai, nossa vergonha nacional: “Nossa região tem um histórico compromisso com a solução pacífica de controvérsias. A presença de países em desenvolvimento entre seus membros permanentes é fundamental para assegurar a legitimidade e representatividade dos órgãos dedicados à segurança coletiva”. A presença de países em desenvolvimento é fundamental para assegurar a legitimidade? E até que ponto a corrupção justifica uma invasão internacional? Falando assim, justifica até a invasão do Brasil.
Marco Aurélio Garcia, assessor da presidência, feito um pequeño Bush, arremata: “Queremos um consenso político. Não pode é continuar como está, com a economia devastada e instituições políticas frágeis. Os países doadores querem investir US$ 1,2 bilhão, mas no passado o Haiti recebeu verba e ela sumiu. Hoje pedem garantias e é preciso de projetos, de estabilidade”. 1,2 bilhão? Só isso? Acho que nós já deveriamos ter invadido o planalto há muito tempo.
Chávez, contrário à invasão, opinou, no mesmo dia em que o presidente: “…a ONU repete esquemas já fracassados anteriormente no mundo. Eu apoio a invasão no Haiti. Apoio uma invasão de médicos, de professores para dar a eles (haitianos) as ferramentas para fortalecer sua própria democracia”, disse o presidente venezuelano. “O único caminho para dar soberania ao povo haitiano é através de um processo constituinte (…) o governo atual carece de legitimidade por ter sido imposto pelos Estados Unidos”.
Agora é só ver os números:
Dados da invasão militar do Haiti
1. Estão acampados no Haiti, desde julho de 2004, nada menos do que 9.500 soldados, oriundos de 35 países de todo mundo.
2. Destes a maior força é do Brasil com 1.600 soldados. O exército brasileiro está instalado nas antigas dependências da Universidade Pública do Haiti, e por isso o número de estudantes e de aulas, se reduziu a um terço de antes da ocupação, pois os soldados ocupam instalações, prédios, campus, etc.
3. O Estado maior das forças de ocupação é dirigido por 24 comandantes, coordenados por um general brasileiro. E dos 24, um é brasileiro, um uruguaio e os outros 22 são todos de forças de invasão de países do hemisfério norte.
4. O custo das tropas no Haiti é de 500 milhões de dólares por ano.
5. Não há nenhuma obra social ou de infra-estrutura econômica sendo desenvolvida por eles.
6. Há muitas denúncias de abusos de soldados, de prepotência, de abuso sexual, já que nenhuma Lei do Haiti afeta as tropas de ocupação.
7. Por outro lado, estão no país, em revezamento, desde 2001, mais de 800 médicos cubanos, trabalhando de forma solidária, nos bairros populares e no interior do país, dando atenção medica ao povo do Haiti.
Fonte: Jubileu Sur – Escritório em Port-Principe (Julho 2007) e Voltairenet.org
Conhecendo ao inimigo II – Uribe
“…fuentes oficiales colombianas reconocieron a la agencia AFP que durante la operación de rescate el Ejército realizó operaciones militares en la zona donde se presumía que podrían ser dejados los secuestrados e incluso se informó que, mientras se realizaba la misión internacional, los militares dieron muerte a un guerrillero considerado hombre de confianza de las FARC. La información contradijo las palabras del presidente colombiano Alvaro Uribe, quien había negado operaciones militares durante la estadía de los garantes.” Sacado do pagina12.com.ar
Conhecendo ao inimigo – Uribe
Parte do relatório secreto da U.S. Defense Intelligence Agency, de 23 de setembro de 91, relativo a Álvaro Uribe Velez, este que acaba de sabotear a liberação dos prisioneiros das FARC:
“82. Álvaro Uribe Velez. Um político e senador colombiano dedicado à colaboração com o Cartel de Medellín em altos niveis governamentais. Uribe esteve ligado a um negócio envolvido em atividades de narcóticos nos EUA. Seu pai foi assassinado na Colômbia devido às suas conexões com traficantes de narcótivos. Uribe trabalhou para o Cartel de Medellín e é amigo pessoal próximo de Pablo Escobar Gaviria. Ele participou na campanha política de Escobar para obter a posição de assistente parlamentar para Joge (Ortega). Uribe foi um dos políticos que, no senado, atacou todas as formas do tratado de extradição.” Info sacada do site resistir.info
Fala o mestre
La paradoja andante Por Eduardo Galeano
Cada día, leyendo los diarios, asisto a una clase de historia.
La historia es una paradoja andante. La contradicción le mueve las piernas. Quizá por eso sus silencios dicen más que sus palabras y con frecuencia sus palabras revelan, mintiendo, la verdad.
De aquí a poco se publicará un libro mío que se llama Espejos. Es algo así como una historia universal, y perdón por el atrevimiento. “Yo puedo resistir todo, menos la tentación”, decía Oscar Wilde, y confieso que he sucumbido a la tentación de contar algunos episodios de la aventura humana en el mundo, desde el punto de vista de los que no han salido en la foto.
Por decirlo de alguna manera, se trata de hechos no muy conocidos.
Aquí resumo algunos, algunitos nomás.
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Cuando fueron desalojados del Paraíso, Adán y Eva se mudaron al Africa, no a París.
Algún tiempo después, cuando ya sus hijos se habían lanzado a los caminos del mundo, se inventó la escritura. En Irak, no en Texas.
También el álgebra se inventó en Irak. La fundó Mohamed al Jwarizmi, hace mil doscientos años, y las palabras algoritmo y guarismo derivan de su nombre.
Los nombres suelen no coincidir con lo que nombran. En el British Museum, pongamos por caso, las esculturas del Partenón se llaman “mármoles de Elgin”, pero son mármoles de Fidias. Elgin se llamaba el inglés que las vendió al museo.
Las tres novedades que hicieron posible el Renacimiento europeo, la brújula, la pólvora y la imprenta, habían sido inventadas por los chinos, que también inventaron casi todo lo que Europa reinventó.
Los hindúes habían sabido antes que nadie que la Tierra era redonda y los mayas habían creado el calendario más exacto de todos los tiempos.
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En 1493, el Vaticano regaló América a España y obsequió el Africa negra a Portugal, “para que las naciones bárbaras sean reducidas a la fe católica”. Por entonces, América tenía quince veces más habitantes que España y el Africa negra cien veces más que Portugal.
Tal como había mandado el Papa, las naciones bárbaras fueron reducidas. Y muy.
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Tenochtitlán, el centro del imperio azteca, era de agua. Hernán Cortés demolió la ciudad, piedra por piedra, y con los escombros tapó los canales por donde navegaban doscientas mil canoas. Esta fue la primera guerra del agua en América. Ahora Tenochtitlán se llama México DF. Por donde corría el agua, corren los autos.
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El monumento más alto de la Argentina se ha erigido en homenaje al general Roca, que en el siglo diecinueve exterminó a los indios de la Patagonia.
La avenida más larga del Uruguay lleva el nombre del general Rivera, que en el siglo diecinueve exterminó a los últimos indios charrúas.
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John Locke, el filósofo de la libertad, era accionista de la Royal Africa Company, que compraba y vendía esclavos.
Mientras nacía el siglo dieciocho, el primero de los borbones, Felipe V, estrenó su trono firmando un contrato con su primo, el rey de Francia, para que la Compagnie de Guinée vendiera negros en América. Cada monarca llevaba un 25 por ciento de las ganancias.
Nombres de algunos navíos negreros: Voltaire, Rousseau, Jesús, Esperanza, Igualdad, Amistad.
Dos de los Padres Fundadores de los Estados Unidos se desvanecieron en la niebla de la historia oficial. Nadie recuerda a Robert Carter ni a Gouverner Morris. La amnesia recompensó sus actos. Carter fue el único prócer de la independencia que liberó a sus esclavos. Morris, redactor de la Constitución, se opuso a la cláusula que estableció que un esclavo equivalía a las tres quintas partes de una persona.
“El nacimiento de una nación”, la primera superproducción de Hollywood, se estrenó en 1915, en la Casa Blanca. El presidente, Woodrow Wilson, la aplaudió de pie. El era el autor de los textos de la película, un himno racista de alabanza al Ku Klux Klan.
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Algunas fechas:
Desde el año 1234, y durante los siete siglos siguientes, la Iglesia Católica prohibió que las mujeres cantaran en los templos. Eran impuras sus voces, por aquel asunto de Eva y el pecado original.
En el año 1783, el rey de España decretó que no eran deshonrosos los trabajos manuales, los llamados “oficios viles”, que hasta entonces implicaban la pérdida de la hidalguía.
Hasta el año 1986, fue legal el castigo de los niños en las escuelas de Inglaterra, con correas, varas y cachiporras.
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En nombre de la libertad, la igualdad y la fraternidad, la Revolución Francesa proclamó en 1793 la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano. Entonces, la militante revolucionaria Olympia de Gouges propuso la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana. La guillotina le cortó la cabeza.
Medio siglo después, otro gobierno revolucionario, durante la Primera Comuna de París, proclamó el sufragio universal. Al mismo tiempo, negó el derecho de voto a las mujeres, por unanimidad menos uno: 899 votos en contra, uno a favor.
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La emperatriz cristiana Teodora nunca dijo ser revolucionaria, ni cosa por el estilo. Pero hace mil quinientos años el imperio bizantino fue, gracias a ella, el primer lugar del mundo donde el aborto y el divorcio fueron derechos de las mujeres.
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El general Ulises Grant, vencedor en la guerra del norte industrial contra el sur esclavista, fue luego presidente de los Estados Unidos.
En 1875, respondiendo a las presiones británicas, contestó:
–Dentro de doscientos años, cuando hayamos obtenido del proteccionismo todo lo que nos puede ofrecer, también nosotros adoptaremos la libertad de comercio.
Así pues, en el año 2075, la nación más proteccionista del mundo adoptará la libertad de comercio.
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Lootie, “Botincito”, fue el primer perro pequinés que llegó a Europa.
Viajó a Londres en 1860. Los ingleses lo bautizaron así porque era parte del botín arrancado a China, al cabo de las dos largas guerras del opio.
Victoria, la reina narcotraficante, había impuesto el opio a cañonazos. China fue convertida en una nación de drogadictos, en nombre de la libertad, la libertad de comercio.
En nombre de la libertad, la libertad de comercio, Paraguay fue aniquilado en 1870. Al cabo de una guerra de cinco años, este país, el único país de las Américas que no debía un centavo a nadie, inauguró su deuda externa. A sus ruinas humeantes llegó, desde Londres, el primer préstamo. Fue destinado a pagar una enorme indemnización a Brasil, Argentina y Uruguay. El país asesinado pagó a los países asesinos, por el trabajo que se habían tomado asesinándolo.
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Haití también pagó una enorme indemnización. Desde que en 1804 conquistó su independencia, la nueva nación arrasada tuvo que pagar a Francia una fortuna, durante un siglo y medio, para expiar el pecado de su libertad.
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Las grandes empresas tienen derechos humanos en los Estados Unidos. En 1886, la Suprema Corte de Justicia extendió los derechos humanos a las corporaciones privadas, y así sigue siendo.
Pocos años después, en defensa de los derechos humanos de sus empresas, los Estados Unidos invadieron diez países, en diversos mares del mundo.
Entonces Mark Twain, dirigente de la Liga Antiimperialista, propuso una nueva bandera, con calaveritas en lugar de estrellas, y otro escritor, Ambrose Bierce, comprobó:
–La guerra es el camino que Dios ha elegido para enseñarnos geografía.
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Los campos de concentración nacieron en Africa. Los ingleses iniciaron el experimento, y los alemanes lo desarrollaron. Después Hermann Göring aplicó, en Alemania, el modelo que su papá había ensayado, en 1904, en Namibia. Los maestros de Joseph Mengele habían estudiado, en el campo de concentración de Namibia, la anatomía de las razas inferiores. Los cobayos eran todos negros.
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En 1936, el Comité Olímpico Internacional no toleraba insolencias. En las Olimpíadas de 1936, organizadas por Hitler, la selección de fútbol de Perú derrotó 4 a 2 a la selección de Austria, el país natal del Führer. El Comité Olímpico anuló el partido.
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A Hitler no le faltaron amigos. La Rockefeller Foundation financió investigaciones raciales y racistas de la medicina nazi. La Coca-Cola inventó la Fanta, en plena guerra, para el mercado alemán. La IBM hizo posible la identificación y clasificación de los judíos, y ésa fue la primera hazaña en gran escala del sistema de tarjetas perforadas.
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En 1953, estalló la protesta obrera en la Alemania comunista.
Los trabajadores se lanzaron a las calles y los tanques soviéticos se ocuparon de callarles la boca. Entonces Bertolt Brecht propuso: ¿No sería más fácil que el gobierno disuelva al pueblo y elija otro?
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Operaciones de marketing. La opinión pública es el target. Las guerras se venden mintiendo, como se venden los autos.
En 1964, los Estados Unidos invadieron Vietnam, porque Vietnam había atacado dos buques de los Estados Unidos en el golfo de Tonkin. Cuando ya la guerra había destripado a una multitud de vietnamitas, el ministro de Defensa, Robert McNamara, reconoció que el ataque de Tonkin no había existido.
Cuarenta años después, la historia se repitió en Irak.
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Miles de años antes de que la invasión norteamericana llevara la civilización a Irak, en esa tierra bárbara había nacido el primer poema de amor de la historia universal. En lengua sumeria, escrito en el barro, el poema narró el encuentro de una diosa y un pastor. Inanna, la diosa, amó esa noche como si fuera mortal. Dumuzi, el pastor, fue inmortal mientras duró esa noche.
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Paradojas andantes, paradojas estimulantes:
El Aleijadinho, el hombre más feo del Brasil, creó las más hermosas esculturas de la era colonial americana.
El libro de viajes de Marco Polo, aventura de la libertad, fue escrito en la cárcel de Génova.
Don Quijote de La Mancha, otra aventura de la libertad, nació en la cárcel de Sevilla.
Fueron nietos de esclavos los negros que generaron el jazz, la más libre de las músicas.
Uno de los mejores guitarristas de jazz, el gitano Django Reinhardt, tenía no más que dos dedos en su mano izquierda.
No tenía manos Grimod de la Reynière, el gran maestro de la cocina francesa. Con garfios escribía, cocinaba y comía.
Perdedor
Até quando o infeliz presidente colombiano vai sacar cartas da manga para impedir a liberação dos prisioneiros das FARC? Primeiro, criou todas as barreiras para impedir Chávez de sentar-se à mesa do jogo. Só que na hora de escolher entre Uribe ou o presidente venezuelano, todos os envolvidos escolheram o segundo. Agora, sentindo-se escanteado do seu joguinho, o infame revela seu último blefe para chamar a atenção: vinha ocultando informação vital para as famílias dos prisioneiros e para a liberação dos mesmos. É que o farsante colombiano, abraçado em seu precioso dinheirinho americano, nao pode aceitar uma vitória internacional de Chávez e das FARC. Uma dupla de reis que nunca quis no seu baralho.
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