Silveira

Encarcelaron a Paredes

Publicado en poesia, politica por Silveira en Mayo 28, 2009

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Encarcelaron al que fusiló,
pero no a los asesinos,
los que tejieron con hilo azul
la mortaja de Víctor Jara.

Encarcelaron al que le miró,
pero no a los que le cegaron,
rompiéndole la mañana
con el silencio de sus navajas.

Están libres aún sus metales,
aunque callados son los disparos
de sus pelotones del hambre.

Están libres y libres de su canto
y la mano que conduce al caballo
sigue la misma que lo azota.

Hoy encarcelaron a José Paredes, uno de los soldados que ejecutó al cantautor chileno Víctor Jara.

Angelita Huenumán (Victor Jara)

Publicado en Uncategorized por Silveira en Abril 11, 2009

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Canción del cantor de los pueblos que tuvo la lengua y las manos arrancadas por la dictadura de Pinochet, del que fue asesinado por la brutal represión al Chile de Allende y Neruda, del que todavía nos sirve de ejemplo a todos los luchadores del mundo: el chileno Victor Jara.

Angelita Huenumán / 1969

En el valle de Pocuno
donde rebota el viento del mar
donde la lluvia cría los musgos
vive Angelita Huenumán.

Entre el mañío y los hualles
el avellano y el pitrán
entre el aroma de las chilcas
vive Angelita Huenumán.

Cuidada por cinco perros
un hijo que dejó el amor
sencilla como su chacrita
el mundo gira alrededor.

La sangre roja del copihue
corre en sus venas Huenumán
junto a la luz de una ventana
teje Angelita su vida.

Sus manos bailan en la hebra
como alitas de chincol
es un milagro como teje
hasta el aroma de la flor.

En tus telares, Angelita,
hay tiempo, lágrima y sudor
están las manos ignoradas
de éste, mi pueblo creador.

Después de meses de trabajo
el chamal busca comprador
y como pájaro enjaulado
canta para el mejor postor.

Araucaria (Canto General, Neruda)

Publicado en Uncategorized por Silveira en Septiembre 3, 2008

 

Pablo Neruda

Neruda

 

TODO el invierno, toda la batalla, 
todos los nidos del mojado hierro,
en tu firmeza atravesada de aire, 
en tu ciudad silvestre se levantan.

La cárcel renegada de las piedras, 
los hilos sumergidos de la espina, 
hacen de tu alambrada cabellera 
un pabellón de sombras minerales.

Llanto erizado, eternidad del agua, 
monte de escamas, rayo de herraduras, 
tu atormentada casa se construye 
con pétalos de pura geología.

El alto invierno besa tu armadura 
y te cubre de labios destruidos:
la primavera de violento aroma 
rompe su sed en tu implacable estatua:
y el grave otoño espera inútilmente 
derramar oro en tu estatura verde.