Un hijo


Se van a casa los obreros
olvidados de los cuervos
que no siembran más venenos
ni en mi tierra ni en la tuya

Se van en paz, ya, los añejos
padres de las que no lloran
por niños que ya no mueren
ni los nuestros ni los suyos

Ya la navaja se ha dejado
y los bancos ya no roban
ni me roban más los bancos
y a ti tampoco te roban

Ya no hay más laberintos
ni cárceles que son cuerpos
Ya no hay agujeros blancos
en el pecho del pasado

Ya no se ven más espinos
en la superficie del mundo
y por la puerta de la vida
un ángel cruza sereno

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