El hombre perro


El hombre es un perro, no un hombre.
Porque de perros es callar y sentarse ante su dueño por un huesito ausente de carne
y dar su vida por un techo, su libertad por una migaja.
Es de perros amarle al dueño como si le amara;
siempre que se lo pida, siempre que se lo ordene.
El amor del perro es miedo y cobardía,
es una sonrisa que refleja el orden y no el alma.
De perros es sufrir el látigo y reincidir en el azote
y creerse el mejor amigo de la mano que lo sostiene.
Y llevar con orgullo la marca del dueño sobre el pecho,
encadenada a su cuello como una horca vil latente.
Es de perros, no de hombres, mear donde se le ordene,
hablar cuando se le permita y vivir como la sombra de un alma ajena.
Y pasar la vida encadenado a la deuda de su miedo.
Ladra, perro, ladra.
Muerde, perro, muerde.
Muere en el intento.
Allá donde caiga un dueño
Está la ruina de tu pena.

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