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El hombre perro


El hombre es un perro, no un hombre.
Porque de perros es callar y sentarse ante su dueño por un huesito ausente de carne
y dar su vida por un techo, su libertad por una migaja.
Es de perros amarle al dueño como si le amara;
siempre que se lo pida, siempre que se lo ordene.
El amor del perro es miedo y cobardía,
es una sonrisa que refleja el orden y no el alma.
De perros es sufrir el látigo y reincidir en el azote
y creerse el mejor amigo de la mano que lo sostiene.
Y llevar con orgullo la marca del dueño sobre el pecho,
encadenada a su cuello como una horca vil latente.
Es de perros, no de hombres, mear donde se le ordene,
hablar cuando se le permita y vivir como la sombra de un alma ajena.
Y pasar la vida encadenado a la deuda de su miedo.
Ladra, perro, ladra.
Muerde, perro, muerde.
Muere en el intento.
Allá donde caiga un dueño
Está la ruina de tu pena.

No morirá


Mercedes_Sosa_2

Hay un pensamiento, negra,
que me ahoga de miedo el alma:
si este azul no es más que tela,
no más que plata esta luna
y papiroflexia las estrellas,
quizás sea el cielo un escenario
y el sol una lámpara de cristal
y las madrugadas una cortina
bajo la que callo, genuflexo.
Si todo es una mentira
y el cielo un escenario,
¿dónde estarás tu, negra,
con tu rebeldía angelical,
tu pelo de Lucifer imperioso
desobediente e infalible?
Si no hay cielo, no hay infierno,
¿dónde fuiste tu con tu voz
de fe en el pueblo,
de sol en sus días?
¿Dónde vive ahora
tu ilusión cansada
de gritos y llantos,
de cuerdas y cueros,
de sangres y charcos?
No hay cielo, negra.
¡Están aquí!
En este teatro maldito
por la hipocresía
están los profetas de luz
y los capitanes de la oscuridad.
Es aquí donde se juzgan
quiénes los muertos
y quiénes los asesinos,
frente a una impasible
platea de ciegos y tontos.
Es aquí donde la luz
más fuerte brilla
y la oscuridad más fuerte apaga.
Santos y demonios
en un mismo espectáculo.
Y del fondo del pasillo,
una voz retumba seca:
– ¡Callaros, farsantes!
Y me conmueve
tu ala vibrante de ángel,
negra como tu pelo,
como tu, negra.

Un hijo


Se van a casa los obreros
olvidados de los cuervos
que no siembran más venenos
ni en mi tierra ni en la tuya

Se van en paz, ya, los añejos
padres de las que no lloran
por niños que ya no mueren
ni los nuestros ni los suyos

Ya la navaja se ha dejado
y los bancos ya no roban
ni me roban más los bancos
y a ti tampoco te roban

Ya no hay más laberintos
ni cárceles que son cuerpos
Ya no hay agujeros blancos
en el pecho del pasado

Ya no se ven más espinos
en la superficie del mundo
y por la puerta de la vida
un ángel cruza sereno

Encarcelaron a Paredes


victorjara

Encarcelaron al que fusiló,
pero no a los asesinos,
los que tejieron con hilo azul
la mortaja de Víctor Jara.

Encarcelaron al que le miró,
pero no a los que le cegaron,
rompiéndole la mañana
con el silencio de sus navajas.

Están libres aún sus metales,
aunque callados son los disparos
de sus pelotones del hambre.

Están libres y libres de su canto
y la mano que conduce al caballo
sigue la misma que lo azota.

Hoy encarcelaron a José Paredes, uno de los soldados que ejecutó al cantautor chileno Víctor Jara.

Mario Benedetti (1920-2009)


MarioBenedetti

Pasatiempo

Cuando éramos niños

los viejos tenían como treinta

un charco era un océano

la muerte lisa y llana

no existía

luego cuando muchachos

los viejos eran gente de cuarenta

un estanque era océano

la muerte solamente

una palabra

ya cuando nos casamos

los ancianos estaban en cincuenta

un lago era un océano

la muerte era la muerte

de los otros

ahora veteranos

ya le dimos alcance a la verdad

el océano es por fin el océano

pero la muerte empieza a ser

la nuestra.